Rómulo Petelin, un vigía entre árboles, flores y plantas

Vecinos de la Ciudad de Buenos Aires hacen frente como pueden a la inseguridad que azota sus barrios. Policías y companías de seguridad privadas, hay veces que son menos efectivos que un simple personaje.

La inseguridad en casi todos los barrios de la Ciudad de Buenos Aires es un tema que preocupa enormemente a sus habitantes. Por parte del Gobierno no se toman medidas pertinentes para que esta materia se reduzca hacia índices “normales” y vivir en esta ciudad es una mera cuestión de supervivencia.

Hay quienes viven refugiados en sus departamentos, otros en sus casas de barrio, y los más acaudalados se resguardan en un fenómeno muy argentino denominado “country” o “barrio cerrado”. Estos últimos logran vivir en paz, inmersos en un mundo “ideal” en donde puertas adentro de sus altas cercas, la inseguridad no está a la orden del día.

Los que viven en departamentos y “countrys” cuentan con seguridad privada, pero los que viven en casas de barrio se las arreglan como pueden para hacerle frente a este problema que los acecha todos los días.

Alejado de la urbe porteña, en el barrio de Bella Vista perteneciente al partido de Islas Malvinas, vive Rómulo Petelin. Un curioso personaje de padres armenios que acaricia los 84 años de edad. Él dedica su vida a cuidar las casas de sus vecinos, que atemorizados por la inseguridad y por tan sólo 1500 pesos al mes le brindan la totalidad de su confianza.

Rómulo vive en una humilde vivienda de unos 100 metros cuadrados que cuenta con un pequeño patio lo suficientemente espacioso como para tener una “parrillita”. Barnie y Manuela, dos perros mezcla de calle con vereda, son sus fieles acompañantes y llenan el vacío generado por la repentina muerte de su esposa.

Sus días son interminables. Siempre al pie del cañón, está dispuesto a toda hora para atender a sus refugiados. Un día normal en la vida de Rómulo pareciera no tener fin. Entrando la noche y acompañado de sus fieles canes, realiza la recorrida por los jardines de las casas que protege. Los mismos fueron anexados con puertas en sus cercos que se conectan directamente a su casa, para que la vigilancia se haga más fácilmente.

El “Orejas”, como lo llaman sus amistades y conocidos, además de proteger a sus vecinos les brinda un especial servicio de jardinería. “Las flores y las plantas son una pasión que tengo desde chico. Es una de las tantas cosas que compartía con mi difunta madre. Cada pétalo, hoja o ramita me hacen recordar largas caminatas que solíamos tener por la chacrita de mis abuelos en Batán”.

“Sus jardines”, como así los denomina, resaltan por su belleza y armonía. Árboles, plantas y flores, son el fiel resultado de una mano especializada y llena de pasión. Las hormigas y los yuyos parecieran saber de antemano que no deben entrometerse en los jardines de Rómulo.

“Tener al Orejas entre nosotros es una bendición. Ni bien nos mudamos al barrio nos rehusamos a este peculiar servicio, pero cuando lo consultamos con los otros vecinos pudimos ver que estaban encantados con él. Ahora en casa dormimos tranquilos al saber que una persona vela por nuestra seguridad. Tenemos un excelente protector disfrazado de jardinero”. Comentaba Pablo Piñero, uno de los “clientes” y vecinos de Rómulo.

Guardia y Jardinero, dos oficios perfectamente fundidos en una sola persona, los días de lluvia se apartan para darle paso a las cualidades culinarias que también posee el Orejas. Tortas fritas, buñuelos y alfajores de maicena son su especialidad. Sus vecinos parecieran ponerse contentos al ver cuando se avecina una tormenta y esperan ansiosos recibir sus exquisiteces a media mañana.

Estos vecinos son concientes de lo afortunados que son al tener un tan peculiar y completo personaje lindando con sus hogares. Pero ¿qué hay de aquellos que no tuvieron la suerte de tener un vecino como Rómulo? El Orejas algún día no estará entre sus “protegidos” y estos padecerán su ausencia.

Hoy sentirse seguro en la Ciudad de Buenos Aires es un privilegio que pueden gozar un acotado número de personas. Que bueno sería un Rómulo en cada manzana de la ciudad. Pero como esto dista mucho de la realidad, las autoridades deben hacer algo al respecto.

Como lo vi

Llegué a Rómulo Petelin por medio de un amigo que es su vecino y “protegido”. Ni bien me entrevisté con él pude ver la secillez de su vida dedicada al servicio de los que lo rodean. Tuve la suerte de realizar la entrevista un día de lluvia. Entre mates y tortas fritas que se había guardado para él, pasamos una increíble tarde en dónde me pudo detallar cada uno de sus servicios premium y su labor de vecino por contrato. 

Una respuesta para “Rómulo Petelin, un vigía entre árboles, flores y plantas”

  1. Marita Grillo Dijo:

    Hola, Pablo.
    Ayer recibí el perfil.
    En la hoja impresa recibirás las observaciones sobre cuestiones lingüísticas.
    Son unas cuantas. Tenés tendencia al período largo con olvido de la sintaxis. Eso suele llamarse anacoluto, y lo habrás visto en primer año, seguro.
    El anacoluto es una inconsecuencia gramatical. Sucede, con frecuencia, cuando se escribe como se habla, desordenadamente. Va un ejemplo:
    “Policías y companías de seguridad privadas, hay veces que son menos efectivos que un simple personaje.”
    Debe decirse:
    -”Hay veces en que policías o compañías de seguridad privada son menos efectivos que un simple personaje.”
    O:
    -”Policías y companías de seguridad privadas, muchas veces son menos efectivos que un simple personaje.
    No es el único caso.
    Faltan algunos datos duros: familia, edad.
    Algún testimonio de un vecino.
    Lindísimas fotos.
    El tp está aprobado.
    Ya recibirán indicaciones vía blog de cátedra sobre el recuperatorio.
    Saludos, marita

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